Testimonio Cristina Torres – Alumna del Curso Experto en Coaching de EFIC

ESPERANZA

 

Julio de 2006, los días se suceden en aparente calma…… pero hay algo rondando la casa, rondándome a mi… aún no se ha manifestado… pero está ahí latente haciéndose un hueco cada vez más grande y poderoso.

6:30 de la mañana… cada día madrugo para ir a trabajar… a pesar de vivir en un entorno privilegiado, apenas alcanzo a tener un momento para observar las primeras luces del día ni ser consciente del maravilloso aroma que desprende la hierba y las flores de mi jardín a primera hora de la mañana o para reparar en la serenidad de la casa a esas horas donde todos continúan descansando o… en el canto de los pájaros en su despertar matutino.

Después… conducir hacia el trabajo sin atender a la brisilla veraniega, ni los reflejos del sol en el Pantano…… ritmo frenético de trabajo… a veces comer y otras no…… lo que significa … no cuidar de aquello que me hace única e insustituible… mi mente y mi cuerpo.

Cada uno de tus días es soleado pero tu mente no está lo suficientemente despierta como para verlo, como para reparar en los colores que ese sol aporta a cada una de las facetas de tu vida… simplemente vives en un carrusel de obligaciones, responsabilidades, retos, objetivos futuros y das por hecho que cada una de las cosas antes mencionadas van a estar ahí eternamente, esperándote.

Pero un día… te levantas y alcanzas a ver un nubarrón que amenaza con descargar toda su fuerza justo en el lugar en el que te encuentras y que amenaza con borrar y destruir todo lo bello que tienes a tu alrededor. Ves como ese nubarrón se va acercando más y más y… de pronto…, un baño de realidad te invade, te deja paralizada, sin palabras, pero una vez pasado el primer shock… te despierta una gran consciencia de pequeñez…… no eres nadie, ni siquiera una diminuta partícula de polvo en la inmensidad del universo.

No eres nadie… pero…lo  eres todo. Eres la única persona que puede decidir sacar la fuerza suficiente para luchar contra ese gigante que amenaza con ahogarte sin piedad y hacer que desaparezcas como una delicada hoja caída de un árbol que fuera arrastrada hasta una inmunda alcantarilla.

Y… el tiempo se detiene… y comienzas a ser consciente de cada primer rayo de sol matutino y del olor a café recién hecho por alguien que te ama y… lo degustas… con parsimonia… mientras observas los rosales de tu jardín y te preguntas cuándo y cómo han llegado a ser algo tan bello. Percibes el embriagador sonido del silencio y del despertar de los pajarillos cada mañana.

Y…… recaes en que estás rodeada de personas que te aman y a las que amas y es en todo ello y en todos ellos en quienes te sustentas para luchar contra una situación, a priori… devastadora.

Y aquí entra a formar parte algo importante estudiado en nuestro curso de coaching “Lo que está en tu mente, está en tu mundo, pero aquello que no está en tu mente no está en tu mundo”

¿Qué creeríais que hubiera pasado si…? en aquel momento me hubieran trasladado la noticia que el patólogo les dio a mi marido y a mi suegra?…… 3 meses de vida.

En mi mente no hubiera habido esperanza, por tanto, mi mundo se hubiera parado en aquel mismo instante y se hubiera orientado a lo inevitable… pero… conté con la suerte de tener a mi lado a una persona especial, inteligente, sencilla, serena, equilibrada, culta…… mi suegra que… me engañó… me engañó con su actitud hacia mí, con su mirada, con sus conversaciones cargadas de futuro y mi creencia se tornó en potenciadora … yo podía con todo a pesar de la gravedad… y mi recuperación cupo en mi mente y por tanto cupo en mi mundo. Se me permitió sacar a la luchadora que llevo dentro (herencia de mi madre), apareció un torrente de energía que me permitió coger al Miura por los cuernos, unos cuernos grandes, puntiagudos, duros y peligrosos muy muy peligrosos…… y el toro se plantó frente a mí con mirada intensa, con codicia, avaricia, deseo de matar, con interés… pero yo decidí torear aun cuando mi capote era pequeño, frágil y con roturas… decidí que tenía que cortar las dos orejas y el rabo y salir por la puerta grande, porque tenía mucho aún por vivir junto a los míos… y… merecía la pena el combate.

No os lo voy a negar…… han sido 13 años de lucha continua y de sentir que permanentemente me encontraba subiendo una cuesta sin poder parar a descansar… días de mucho cansancio, días de terror a perder la batalla… pero a día de hoy el “Cáncer”, así se llama mi Miura, ha sido uno de mis mejores amigos. Me ha permitido aumentar mi consciencia y disfrutar de mis hijos, del que fue mi marido, mi entregada madre, mis incondicionales amigos. Me ha permitido realinearme con la vida y dar sentido a todo lo que hago, amar todo lo que hago y disfrutar de cada detalle, sentir un torrente de amor y felicidad cada día e incluso enfadarme con más vehemencia que nunca… cuando corresponde.

¿¿Me vi sin un pecho… y qué?? Me vi sin pelo… y qué?? ¿¿Me vi demacrada…y qué?? Mujeres … somos mucho más que un pecho o un pelo bonitos… somos energía, potencia, determinación, consistencia, inteligencia, feminidad en nuestra más pura esencia, apoyo para los demás, amor incondicional, ilusión, constancia, lucha, creatividad, sustento… somos todo eso y mucho más.

Ahora sé lo frágiles que somos e intento vivir cada uno de mis días como si fuera el último, disfrutando de la brisa mañanera, de las gotas de lluvia que golpean en mi paraguas en un día lluvioso y de las personas que la vida pone en mi camino, que son muchas y muy valiosas.

Sé que técnicamente este escrito carecerá de normas en su construcción, de una estructura adecuada… pero ¡¡¡¡¡qué más da!!!!!… está escrito desde el corazón, desde el deseo de aportar un halo de ESPERANZA a cualquier persona que esté librando una batalla en este momento…, solo con eso… todo habrá tenido sentido.

Esto es un canto a la ilusión, al optimismo y al futuro… ahora soy una persona que continúa creciendo en su faceta personal y que ha tenido la suerte de conocer a personas maravillosas en EFIC con quienes generar ese espacio de crecimiento que nos lleve a ser cada día una mejor versión de nosotros mismos. Nunca hay que parar de crecer, aprender, compartir, amar y ser amados… es lo que da sentido a lo que somos y nos engrandece como personas.

Os envío una foto del antes y el después y veréis como la lucha y la constancia merecen la pena.


 

 

Quiero aprovechar para hacer mención y agradecer la dedicación de personas sin las cuales yo no estaría aquí:

A mi madre: la mujer más valiente, entregada y generosa que conozco. Un ejemplo en mi vida.

Al que fue mi marido: que siempre estuvo ahí durante esos 13 años ofreciéndome su apoyo y su mente fría tan necesaria en determinados momentos.

A mis hijos: el motor de mi vida.

A mis amigas antiguas, nuevas, del gimnasio, del café… del colegio, de la infancia de la universidad, de mis cursos… a todas y cada una de ellas sin excepción… sois mi tribu, el lugar donde refugiarme.

A mis amigos: con los que también he contado en los momentos más difíciles.

A mi familia: que siempre estuvo apoyando y pendientes de todo.

A María Valdivieso: mi segunda madre durante la enfermedad, sin ti todo hubiera sido distinto.

A mis médicos: personas comprometidas y entregadas.

A los enfermeros de planta, de quimio y de radio… que con su alegría… te suavizaban cada momento.

A mi suegra: una persona inestimable, buena y discreta, a la que quise mucho porque se lo mereció.

A mi cuñada: cuñada nooooooooooo, hermana Saleta, una persona especial y única que no faltó ni un fin de semana mientras la quimio, para darme sus energizantes y amorosos masajes.

Gracias a todos los que formáis parte de mi vida…… siempre… absolutamente… siempre, por difícil e inverosímil que parezca… hay que luchar….

Dedicado a todas las mujeres que han pasado por esta enfermedad, a las que lo superaron, a las que están en el proceso y a las que lucharon hasta agotar sus fuerzas.

 

Con todo mi amor: Cristina 

(Alumna Experto en Coaching Efic Granada)

2019-05-24T09:38:46+00:00

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